abril 23, 2010 - 12 Comentarios
Concurso de Porno fantástico
Queda abierta la convocatoria para escribir un cuento de Porno Fantástico. El ganador a la mejor historia se llevará el libro: “Breve historia del cine porno”. La convocatoría termina el último día de Mayo. Hay que subir las historias a esta misma entrada, en los comentarios.
Bueno: buena suerte y que tengan felices, muy felices y pornográficas histórias.
Para inspirarse les dejo algunos links de pornografía fantástica (gráfica) y mi historia, que no concursa pero que igual comparto con ustedes.
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Un monstruo acuático se baña en la alberca de una bella chica que vive completamente sola. La chica, Elizabeth Anne, se despierta con ganas de nadar un rato, así que se pone una bata y baja a la enorme piscina envuelta por las brumas. La bata cae lentamente de sus hombros, desliza su tela suave por su espalda, por sus muslos y cae sobre las baldosas mostrándonos un cuerpo delgado, perfecto, dorado, cubierto por un pequeño traje de baño.
Elizabet Anne se lanza de un clavado al agua y flota sobre la cálida superficie, se sumerge, nada de un lado a otro y se tira de muertito para ver la noche cerrada, sin estrellas. Un ruido irrumpe la ensoñación de la chica: alguien más chapotea a unos metros de distancia. Elizabet Anne voltea y lanza un chillido de horror cuando ve al monstruo húmedo, lleno de escamas, retorcerse en el agua.
Elizabet Anne salé corriendo, coge la bata y mientras huye se las arregla para ponérsela y cubrirse del frió. El monstruo la persigue, viene detrás de ella emitiendo una especie de sollozos y chasquidos. Elizabet Anne se mete a la casa y se encierra en la habitación.
Silencio.
El tiempo pasa y nadie llega a su puerta ni intenta tirarla ni hacerle daño. Algo extrañada, dudando de si su visión fue real o un simple efecto secundario por leer tanta literatura fantástica, decide bajar a inspeccionar.
Lo hace con cuidado. Camina de puntitas. Apenas y hace ruido.
Vuelve a oír el sollozo. Viene de la sala. Por alguna razón ya no le da miedo. Se asoma con cuidado y ve al monstruo sentado, llorando.
Elizabet Anne, su corazón ablandado, se compadece del monstruo y se acerca, le pregunta que está haciendo. Él le muestra una foto y le dice que está triste, que llora por ella, por la chica de la fotografía, su ex-novia. Elizabet Anne se sienta a su lado y lo consuela, le dice que no se preocupe, que hay un montón de peces en el mar y que aunque entiende que esté triste, no debe hacer eso de meterse a casas que no son la suya. A pesar del consejo el monstruo sigue llorando. Elizabet Anne no sabe que más hacer hasta que, por coincidencia, voltea a su entrepierna y ve que el ser acuático tiene una verga monstruosa, suculenta, que gotea. Ella, sin pensarlo dos veces, se pone de rodillas y se la mete toda en la boca, contenta por tanta suerte.
El monstruo, todavía melancólico, le dice: “Hey, mi novia nunca me hacía eso”.
Esta pequeña historia, y alguna más alucinantes, chistosas, simplonas, divertidas y no muy bien hechas, las encontré en una página de Porno Fantástico, sí, como lo oyen. La página se llama Freack Fukers y es una extraña mezcla de cosas bizarras e imaginativas: el Yeti cogiendo en el bosque con un rubia extraviada, un tipo que en vez de manos tiene dos penes o una señorita con una enorme vagina que le cubre toda la panza.
Es interesante ver como el porno se mezcla con la imaginación y, aunque lo único que pude ver son los trailers de las películas, porque son gratis, se nota que son frescas y valen los minutos invertidos, a pesar de que están lejos de ser obras maestras.
Vean aquí los trailers y si deciden inscribirse y bajarlas completas, no sean gachos y compártanlas.
Además, mientras hacía algo de investigación, o trabajo de campo para esta entrada, encontré unas páginas más, aunque no tan imaginativas, que podrían encajar en este subgenero del porno fantástico. Ahí les van:
Porno Fantasy (a la señor de los anillos)
Porno de vampiros (Vampire Porn): Latex, vampiros, chicas góticas, chicas emo
Bien, investiguen con detenimiento todas estas fuentes de inspiración y escriban, si les parece, una historia breve de porno fantástico. No tiene que estar muy elaborada. Al ganador del el diario de un chico trabajador le regalará un libro sobre la historia del cine porno(está usado, pero no se preocupen, la única huella de eso son los párrafos subrayados). La convocatoria queda abierta hasta el último día de mayo. Las historias hay que pegarlas en esta página, en la sección de comentarios.
Para poner el ejemplo, aquí les va mi historia.
La lata de calamares
Estaba muy caliente. Había estado así desde la primer hora de la mañana y ya no podía soportarlo más.
Tan pronto llegó a su casa, Viky sacó de un closet alargado y oscuro que le había regalado su abuelita, algunos utensilios: consoladores granulados de 40cm, gordos como carne molida enrollada, bolitas vibradoras fosforescentes, lubricantes, y un batallón de películas porno.
Escogió una de las cintas(“Las lágrimas de un chorizo”) y la puso en el reproductor. Se quitó la blusa y mientras el protagonista, un tal John Long Horse, que pasaba sobre una docena de mujeres un alucinante miembro viril, lustroso y rollizo, de 37 centímetros, se desabotonó la blusa, sacó el enorme par de tetas rubias y bronceadas y comenzó a acariciarlas con una loción de coco.
Luego, lentamente, porque aunque estaba ansiosa sabía que la paciencia en aquel ritual la llevaría a sensaciones más intensas, se quitó la falda azul de su traje sastre, y desabrochó el sujetador. Se dejo las pequeñas bragas de encaje puestas y haciendo a un lado la tela que cubría el objeto de su placer, deslizo delicadamente sus dedos en el interior confortable, cálido y chorreante de su vagina.
Los dedos entraron y salieron tejiendo movimientos pausados, dibujando figuras exóticas y novedosas. Luego tomó uno de los consoladores(transparente), derramó sobre él un poco de loción humectante de coco y se lo introdujo de golpe. Viky, a pesar del talento de John Long Horse y las caras salpicadas de las actrices por sus eyaculaciones, prefirió cerrar los ojos e imaginar a todos los hombre de la vida real a quienes les gustaría acariciar sus hinchados y húmedos garrotes: Marco, el chico que hacía los recados en a la oficina, el barredero con su traje naranja apenas ocultando la enorme montaña que se abultaba en su entrepierna, y hasta el tipo de los tacos de canasta que se paraba con su bicicleta afuera del trabajo a vender sus preparados de frijol, papa, adobo o carne enchilada.
Pasaron alguno minutos y auque Viky se esforzaba su imaginación no la conducía a ningún lado. El placer del enorme monstruo vibrador que le sacudía las entrañas era apenas una sombra pálida, una sensación deslavada que no la dejaba conforme y que no le quitaba esa terrible angustia que se le había encaramado en el vientre. ¿Pero, por qué, qué le pasaba, por qué no lo conseguía?
Desesperada dejó el miembro de plástico y en un ataque de frustración lanzó la loción de coco contra el televisor.
Se paro y caminó a un lado y otro del departamento. Parecía un felino en una jaula, expectante, dispuesta a lanzarse a la primera idea que se le viniera a la cabeza para satisfacerse.
Sus pasos la llevaron a la cocina. Se sirvió un vaso de agua. Se sentó en la mesita, al lado del teléfono y repasó la lista de chicos que vivían cerca de su casa y a quienes no les importaría que ella se presentara semi desnuda a mitad de la noche y se lanzara a chupar su jugosa entrepierna.
¿Pero eso la calmaría? La duda volvió aventársele como un animal furioso hasta que, de pronto, un objeto resplandeciente en uno de los estantes de la alacena llamó su atención.
Colgó el teléfono.
Se puso de pie y caminó a la alacena.
El objeto brillaba lanzando destellos metálicos que se sincronizaban perfectamente con las pulsiones de su entrepierna. Viky se acercó y tomó el objeto en sus manos.
Era una lata de calamares. ¿Qué le estaba pasando, se estaba volviendo loca? No sabía porque pero nada hasta ese momento la había excitado tanto. La visión de la lata y de lo que podía hacer con ella fue incluso más intensa que la primera vez, a los 14 años, en que vio el enorme miembro mojado de su primo masturbándose, cuando pensaba que nadie lo veía, en el cuarto de su mamá, con su ropa interior. Incluso más intenso que la vez que acarició el aparato de un enano que acababa de conocer en un bar. El brillo de la lata simplemente la volvió loca.
Se dejó caer al piso de la cocina, vencida por la intensidad y boca arriba separó las piernas y se metió la lata con fuerza, dejando que los bordes circulares, fríos, rasparan sus pliegues.
Mientras hacía esto, ocurrió lo inesperado.
La lata comenzó a saltar de sus manos, a revolverse como si tuviera vida propia. Viky, espantada, la soltó y se enderezó ligeramente. Pero el movimiento de la lata era tan sutil, y delicado, que luego de la sorpresa inicial la dejó moverse a su ritmo; la lata jugueteaba y se aventaba de cabeza contra sus paredes, dando empujoncitos. Danzaba, danzaba como una libélula en la noche buscando la luz de un farol, danzaba llena de amor dentro de la piernas de Viky y el baile era fugaz, celeste, divino.
Viky apretó los párpados. ¿Eso era el placer, esa intensa humareda llena de estrellas y revelaciones? Jamás había llegado hasta ahí, y ni en sus sueños más enloquecidos habría imaginado que eso existiera.
La lata rodó fuera de su vagina y se detuvo frente a ella. Durante unos segundos no ocurrió nada; era una simple lata, quieta, frente a una chica cualquiera en una cocina cualquiera en un departamento cualquiera en la Ciudad. Pero la lata volvió a revolverse; pequeños abultamientos surgían aquí y allá. Era como si puños diminutos golpearan el metal desde adentro.
Los puños finalmente abrieron las paredes de aluminio y de sus agujeros pequeños tentáculos escaparon a la luz de la cocina. Los tentáculos eran pardos y a pesar del tono opaco refulgían.
Viky se quedó contemplando la escena: en sus pupilas seguía brillando la noche, y el deseo, y la ganas imperiosas de volver cuando antes a aquel estado que hacía unos instantes había hecho que todos los segundos de su vida se borraran, que desaparecieran en esa neblina blanca donde el placer revoloteaba en su estado más puro.
Permisos para usar este material más allá de esta licencia aquí. En algunas entradas hay contenido no original; si de alguna manera su publicación lastima a alguien por favor avísenme y lo retiraré de inmedito. Esta entrada fue escrita el 23 de abril de 2010 , 12:54 am , en las categorias Blog, Cine, Cuentos, Mis Trabajos. Sigue aquí los comentarios a esta entrada RSS 2.0. Puedes dejar un comentario, o un enlace a esta entrada.
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