Diario de un chico trabajador http://www.diariodeunchicotrabajador.com Fri, 21 Apr 2017 17:07:29 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.5 El Mago leo http://www.diariodeunchicotrabajador.com/el-mago-leo/ Wed, 12 Apr 2017 17:44:43 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4482 Radio Vampiro: Papá vs Hijo http://www.diariodeunchicotrabajador.com/radio-vampiro-papa-vs-hijo/ Wed, 12 Apr 2017 17:40:57 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4478 Aquí el podcast que hice con mi chango

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#TodosSomosTrump http://www.diariodeunchicotrabajador.com/todossomostrump/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/todossomostrump/#comments Thu, 26 Jan 2017 20:25:24 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4436
#TodosSomosTrump
 
Ahí voy: A mí, lo que más me sorprende es esta terrible y sorpresiva indignación ante el racismo de Trump. Esta polarización donde uno es el malo, la peor porquería del mundo, y nosotros los buenos. Ojo, absolutamente no estoy defendiendo las posturas de este tipo, sólo insisto que hay cosas más cercanas que siempre decidimos no ver. Por ejemplo, hace unos días me hicieron una entrevista en Aristegui online donde me atreví (¡Dios!) a defender el reggaeton como una forma en que la banda encuentra identidad y que tiene méritos artísticos y que canaliza la rabia de jóvenes ignorados, y ¡verga! con más de 300 comentarios racistas y culeros despotricaron contra de los pinches “nacos” “incultos” “basuras” “escorias” “malparidos” reggaetoneros.
 
 
Revisen en este link los comentarios de un público de “izquierdas” supuestamente liberar e intelectual que habla de matar a los reguetoneros, que piensa que solo la gente culta y que estudia merece un lugar en el mundo.
 
México es un país profundamente racista y clasista y culero: a mi en la secundaría no me bajaban de negro naco indio.
 
Naco es una palabra tan usada por todos. ¿Cuantos de ustedes no la usan?
 
Yo, sin validar a Trump ni descalificar la rabia que el mundo siente contra él, pediría que fuéramos consecuentes. Que para tener cara para hablar contra ese señor habría que voltear a vernos a nosotros; ver lo racistas y culeros e intolerantes que somos con los que no tienen nuestras condiciones, con los que piensan diferente, contra las mujeres y gays y reguetoneros y granaderos y americanistas y contra cualquier cosa distinta al status quo intelectual mamón clase mediera u alta o lo que sea que es el satus quo mexicano.
 
Yo mismo no me salvo de esto: yo también soy intolerante con la gente que “no tiene mis refinados gustos” o “mis apreciaciones estéticas”: yo también juzgo a las personas por como se visten, o por si son fresas y de las lomas y de “seguro son unos pendejos riquillos” o por si le sgusta Carlos Cuauhtemoc Sanches o Paulo Cohelo. Yo también insulté en las marchas de mi adolescencia a los granaderos por no “haber ido a la escuela” .
 
Trump (sin estarlo defendiendo, por Dios), al menos se atreve a decir públicamente lo que otros sólo hacemos en comentarios de facebook, o en nuestras mentes. Él está poniendo afuera lo que está adentro. ÉL está dejándonos ver nuestra sombra. Él, que fue votado por esos nacos gringos que todo el mundo discrimina por su incultura y falta de refinamiento llamados “rednecks”. Esos gueyes que todavía ahora todo el mundo insulta por ser pendejos y votar a Trump. Los que han sido despreciados por los neoliberales y por los intelectuales gringos; los que, para ellos, no deberían ni de existir.
 
Si toda tu vida te dicen que eres un pendejo y que en lo que crees es una pendejada. ¿No vas a apoyar al primer loco que te diga que no?
 
Hasta que no aprendamos a ver lo mierdas que somos, y que esto en lo que nos hemos metidos es responsabilidad de todos, nada va a cambiar.
 
Les pido, si ya llegaron hasta acá, que usen los comentarios para escribir todas las veces que han sido racistas o clasistas o que simplemente han despreciado a alguien por no pensar como ustedes. O, si creen que son tan intachables, que cuenten las veces que han usado la palabra naco.
 
#Todossomostrump o lo hemos sido, a nuestra pequeña escala, sin poder ni riquezas ni gente que nos siga…
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Mr. Robot http://www.diariodeunchicotrabajador.com/mr-robot/ Fri, 15 Jul 2016 19:20:10 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4412 Para poder hablar de Mr. Robot antes tengo que hacer una confesión.

Mr Robot

Desde que vi la serie me gusta ponerme los audífonos y mientras camino en la calle, oír esta canción e imaginarme que soy Elliot, el protagonista, y que en vez de en esta ciudad mis pies cruzan las calles de Nueva York y mi cabeza, gacha, con el gorro de la sudadera puesta, mira los mosaicos del piso, ahora adentro de una estación del metro,  ahora en una gran avenida: sueño y planeo como voy a cambiar el mundo.

Póngale play… ándele, para que se ambienten…

Así de cabrón me gusta esta serie, así que no esperen que sea objetivo en estas líneas, porque, imagínense, aunque Elliot está alejando por más de casi dos décadas de mis ídolos de la adolescencia, y ya tiene su lugar en el panteón de mi inspiración.

Ahhh, y es que qué pinches idolitos me agarró. Está Elliot junto a Tyler Durden y  Max Cohen, de Pi el orden en el caos, y a Holden Caufield. ¡No pinches mames!. Puro camarada bien desadaptado y sufriente y odiador de la sociedad, que, al final, tal vez, logran transformar ese caos y  esa soledad brutal y transformarse.

Y bien hago en poner a Elliot junto a esos monstruos, porque esta  exquisita serie debe mucho a los tres, a esos autores: Chuck Palaniuk, Darren Aronofsky y J.D. Salinger. En el caso de los dos últimos, no sólo los personajes y la estética y la fuerza y la desesperación, sino la ciudad: Nueva York. Un monstruo perfecto para una historia así. Así de bien escrita y actuada y musicalizada y todos los pinches adas del mundo. Parece increíble, pero después de tantos años años todavía me sé de memoria algunos diálogos de Pi y de Fight club, y la emoción me sigue calando, idéntica a cuando era un chaquetero llenos de sueños ( eso es un buen síntoma, porque sigo siendo un chaquetero y sigo teniendo un montón de sueños)

Trailer MR: Robot: 

Trailer Fight Club

Trailer Pi Faith in Chaos:

El otro parecido que comparte Mr. Robot con Fight Club y El guardián en el centeno es la parte mas chingona: la rabia contra el mundo, esa angustia generacional por reclamar nuestro lugar y no creernos la historia que nos han vendido: un cuento de comodidades y lujos y consumismo y oficinas y, en pocas palabras que nos empuja a crecer siendo algo que no somos. Porque crecer así, imitando el gran modelo es mas fácil que crecer defendiendo a muerte lo que somos, que no se parece a ninguna otra cosa.

Ahh, a lo mejor ya me la mamé y hasta estoy viendo cosas que no están ahí. Pero no importa, mientras algo me haga emocionarme tanto y conectarme con esa lucha mía para reclamar mi lugar en el mundo, que mejor, y además, si me hace imaginar, con la canción de fondo, que camino por las calles de nueva York queriendo cambiar la sociedad, ¿qué más puedo pedir?

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Tripas http://www.diariodeunchicotrabajador.com/tripas/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/tripas/#comments Wed, 04 May 2016 20:36:34 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4401 Bueno, como la banda me pidió más cuentos tipo el de la entrada anterior, El niño Proletario, de Osvaldo Lamborghini, aquí les traigo uno de Chuck Palahniuk, el escritor del Club de la pelea, que la neta, es mucho más fresa, pero la verdad hay pocos, muy poco cuentos como el de Osvaldito, el “Gran Tadei”, Lamborghini. Este, además de los escatológico, también es un gran relato. Con corazón y con muchas… bueno, con muchas tripas.  Cuenta la leyenda que durante la gira de presentación del libro en el que viene este texto, varios oyentes se desmayaron y vomitaron mientras Chuck lo leía. Yo creo que no es pa tanto. Y si eso sí pasó, no quiero ni pensar que habría ocurrido si les hubieran leído El Niño Proletario. Lean este cuentito, es mucho mejor, por cierto, si lo hacen mientras comen.

Tripas

de Chuck Palahniuk
Inhala.
Toma tanto aire como puedas.
Esta historia debería durar lo que puedas aguantar la respiración, y después un poquito más. Así que escucha tan rápido como puedas.
Un amigo mío, cuando tenía 13 años oyó hablar del “pegging”. Esto es cuando un hombre es penetrado por el culo con un consolador. Se estimula la glándula prostática lo suficiente, y el rumor es que se pueden tener explosivos orgasmos manos-libres. A esa edad, este amigo es un maníaco del sexo. Siempre está necesitando una nueva forma de vaciar sus huevos. Sale a comprar una zanahoria y un poco de vaselina. Para llevar a cabo una pequeña investigación privada. Después se imagina como va a quedar en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la vaselina corriendo por la cinta transportadora hacia la caja. Todos los compradores esperando en línea, mirando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.
Entonces mi amigo, compra leche, huevos, azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes de una torta de zanahoria. Y vaselina.
Como si fuera a su casa a meterse una torta de zanahorias por el culo.
En su casa, corta la zanahoria y se convierte en una herramienta sin filo. La unta con grasa y acerca el culo profundamente a ella. Después, nada. Ningún orgasmo. No pasa nada excepto que duele.
Entonces, su mamá le grita que vaya a cenar. Que baje ahora mismo.
Trabaja la salida de la zanahoria y guarda la cosa resbaladiza y hedionda en las sábanas sucias abajo de su cama.
Después de comer, va a buscar la zanahoria, y ya no está. Toda su ropa sucia, mientras cenaba, su mamá la había llevado para lavar. No había forma de que no hubiera encontrado la zanahoria, prolijamente esculpida con un cuchillo de su cocina, todavía brillando con vaselina y oliendo.
Este amigo mío, espera meses debajo de una nube negra, esperando que sus viejos le digan algo. Y nunca lo hacen. Jamás. Inclusive ahora que es adulto, esa zanahoria invisible cuelga en cada Navidad, cada fiesta de cumpleaños. En cada Pascua con sus hijos, los nietos de sus viejos, esa zanahoria fantasma esta acechando sobre ellos. Eso demasiado feo para nombrar.
La gente en Francia tienen una frase: “espíritu de la escalera”. En francés: espirit de l’escalier. Significa el momento en el que encuentras la respuesta, pero es demasiado tarde. Como cuando estás en una fiesta y alguien te insulta. Tienes que decir algo. Entonces bajo presión, con todos mirando, dices algo estúpido. Pero en el momento que te vas de la fiesta… mientras bajas las escaleras, magia. Se te ocurre la cosa perfecta que deberías haber dicho. La réplica perfecta desperdiciada.
Ese es el espíritu de la escalera.
El problema es que ni siquiera los franceses tienen una frase para las cosas estúpidas que realmente dices bajo presión. Esas cosas estúpidas, desesperadas que realmente piensas o haces.
Algunos actos son demasiado bajos para tener un nombre. Demasiado bajos siquiera para hablar de ellos.
Mirando atrás, psicólogos infantiles, psicopedagogos, ahora dicen que la mayoría del último pico en suicidios adolescentes eran chicos tratando de estrangularse mientras se pajeaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello del chico, la toalla atada al palo de su armario, el chico muerto. Esperma muerto por todos lados. Por supuesto los padres limpiaban todo. Le ponían unos pantalones al chico. Lo hacían parecer…mejor, intencional por lo menos. El triste y usual tipo de suicidio adolescente.
Otro amigo mío, un chico de la escuela, su hermano más grande de la Marina le dijo como los tipos del medio oriente se pajean diferente de como lo hacemos aquí. Este hermano más grande estaba destinado en un país de camellos donde venden abridores de cartas muy elegantes. Cada una de esas es un palo finito de plata o bronce pulido, quizás largo como tu mano, con una gran punta de un lado, una gran bola de metal o el tipo de empuñadura que verías en una espada. Este hermano de la Marina cuenta cómo los árabes ponen su polla dura y luego insertan esta vara de metal a lo largo de su miembro. Se hacen la paja con eso dentro, y hace que acabe mucho mejor. Más intenso.
Es este hermano mayor que viaja por el mundo, mandándonos frases francesas. Frases rusas. Consejos de masturbación útiles.
Después de esto, el hermano chico, un día no aparece por la escuela. Esa noche, me llama a ver si le puedo guardar los deberes por un par de semanas. Porque está en el hospital.
Tiene que compartir la habitación con viejos a los que les están trabajando las entrañas. Cuenta como tienen que compartir el mismo televisor. Todo lo que tiene para su privacidad es una cortina. Sus viejos no lo visitan. Por el teléfono, dice cómo sus viejos matarían ahora a su hermano mayor de la Marina.
Por el teléfono, el chico cuenta cómo el día anterior estaba un poco fumado. En su casa y en su habitación, se tiró en la cama. Estaba prendiendo una vela y mirando unas revistas porno viejas, preparándose para hacerse una paja. Todo esto después de haber escuchado lo de su hermano de la Marina. Ese consejo útil de cómo se pajean los árabes. Busca a su alrededor algo que pueda hacer el trabajo. Una birome es muy grande. Un lápiz es muy grande y áspero. Pero caída sobre un lado de la vela, hay una tirita suave de cera que podría funcionar. Con la punta de un dedo, el chico despega el palito de cera de la vela. Lo hace rodar por la palma de sus manos. Largo y suave, y fino.
Loco y caliente, lo mete dentro, profundo y más profundo en su miembro. Con una buena porción de cera todavía fuera de la punta, se pone a trabajar.
En este momento, dice que esos tipos árabes son bastante vivos. Reinventaron completamente la masturbación. Tumbado de espaldas en su cama, las cosas se están poniendo tan buenas, el chico no puede llevar rastro de la cera. Está a una buena apretada de saltar en leche cuando la cera ya no está asomando para afuera.
El palito fino de cera, está metido adentro. Completamente adentro. Tan adentro que no puede sentir la presencia en su miembro.
Desde abajo, su mamá le grita que vaya a comer. Dice que baje ahora mismo. Este chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero todos vivimos más o menos la misma vida.
Es después de comer cuando las entrañas del chico empiezan a doler. Es cera, entonces se imagina que se derretirá adentro y después la meará. Ahora la duele la espalda. Los riñones. No se puede poner derecho.
El chico hablando por teléfono desde la cama del hospital, de fondo puedes escuchar campanitas, gente gritando. Programas de televisión.
Los rayos X muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro de él, está recogiendo todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y áspera, conteniendo cristales de calcio, está moviéndose lastimando la suave pared de su vejiga, bloqueando su orina para salir. Sus riñones están hinchados. Lo poco que gotea de su pito es rojo y con sangre.
Este chico y sus padres, su familia, mirando la radiografía con el doctor y las enfermeras paradas ahí, la gran V de cera brillando en blanco para que todos la vean, tiene que decir la verdad. La forma que se pajean los árabes. Lo que su hermano mayor le escribió desde la Marina.
En el teléfono, ahora mismo, empieza a llorar.
Pagaron la operación de vejiga con sus fondos universitarios. Un error estúpido, y ahora nunca será un abogado.
Meterse cosas dentro de uno. Meterse uno dentro de cosas. Una vela en tu polla o tu cabeza en una horca, sabíamos que iba a ser un gran problema.
Lo que me metió a mi en problemas, lo llamé Buceo de Perlas. Esto significaba hacerse una paja bajo el agua, sentado en lo profundo de la piscina de mis viejos. Con una buena respiración honda, me iba al fondo y me sacaba mi traje de baño. Me sentaba ahí por dos, tres, cuatro minutos.
Solo por pajearme, tenía una gran capacidad pulmonar. Si tenía la casa para mi solo, lo hacía toda la tarde. Después de haber bombeado afuera mis cosas, mi esperma, quedaba por ahí como grandes, gordos, globos de leche.
Después de eso era más buceo, para agarrarlos todos. Para juntarlos y ponerlos en una toalla. Por eso es que se llamaba Buceo de Perlas. Hasta con cloro, me tenía que preocupar por mi hermana. O, santo Dios, mi mamá.
Ese solía ser mi peor temor del mundo: mi hermana virgen adolescente, pensando que sólo esta poniéndose gorda, y después dar a luz a un bebe retrasado de dos cabezas. Ambas cabezas iguales a mi. Yo, el padre Y el tío.
Al final, nunca es lo que te preocupa lo que te agarra.
La mejor parte del Buceo de Perlas era la rejilla interna para el filtro de agua y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse ahí.
Como dirían los franceses: ¿A quién no le gusta que le chupen el culo?
Igual, en un minuto sois sólo un chico haciéndose una paja, y al siguiente nunca vas a ser un abogado.
Un minuto, estoy sentado en el fondo de la piscina, y en el cielo hay olas, a través de celestes ocho pies de agua sobre mi cabeza. El mundo está en silencio excepto por el latir de mi corazón en mis oídos. Mi bañador a rayas amarillas está agarrado alrededor de mi cuello para tenerlo a salvo, por las dudas de que un amigo, un vecino, cualquiera aparezca a preguntar por qué no fui al entrenamiento de futbol. La succión constante del agujero interno de la piscina está lamiendo y yo estoy frunciendo mi flaco y blanco culo por esa sensación.
Un minuto, tengo suficiente aire, y la polla en mi mano. Mis viejos se fueron a trabajar y mi hermana está en ballet. Nadie debería pasar por casa en cuatro horas.
Mis manos me llevan a punto de acabar, y me detengo. Nado arriba para agarrar otra gran bocanada, respiro hondo. Me sumerjo y voy de nuevo al fondo.
Hago esto una y otra vez.
Por esto debe ser que las mujeres se quieren sentar en tu cara. La succión es como echarse un cagada que no termina nunca. Mi polla dura y haciéndome comer el orto, no necesito aire. Los latidos en mis oídos, me quedo debajo hasta que grandes estrellas de luz empiezan a colarse en mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de cada rodilla raspada contra el fondo de hormigón. Mis dedos se están poniendo azules, mis dedos de los pies y de las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua.
Y después lo dejo pasar. Los grandes blancos globos empiezan a brotar. Las perlas.
Es ahí que necesito algo de aire. Pero cuando voy a patear contra el fondo, no puedo. No puedo poner mis pies debajo de mí. Mi culo está trabado.
Paramédicos de emergencias te van a decir que cada año aproximadamente 150 personas se traban de esta manera, chupadas por una bomba de circulación. Que te agarre tu pelo largo, o tu culo, y te vas a ahogar. Todos los años, muchísimas personas lo hacen. Muchos de ellos en Florida.
Sólo que la gente no habla de eso. Ni siquiera los franceses hablan de TODO.
Poniendo una rodilla arriba, metiendo un pie abajo mío, llego a estar medio parado cuando siento el tirón contra el culo. Poniendo mi otro pie abajo, pateo contra el fondo, estoy pataleando libre, sin tocar el hormigón, pero sin conseguir aire tampoco.
Todavía pateando agua, remando con los dos brazos, estoy quizás a mitad de camino para la superficie pero no llego más arriba. Los latidos dentro de mi cabeza son más altos y rápidos.
Las brillantes chispas de luz cruzando mis ojos. Giro y miro atrás… pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, algún tipo de serpiente, azul-blanca y trenzada con venas ha salido afuera del drenaje de la pileta y se está agarrando a mi culo. Algunas de sus venas están perdiendo sangre, sangre roja que parece negra debajo del agua y se escapa de pequeños rasgones en la pálida piel de la serpiente. La sangre se va, desapareciendo en el agua, y dentro de la delgada azul-blanca piel de la serpiente podés ver trozos de alguna comida a medio digerir.
Es la única forma de que esto tenga sentido. Un horrible monstruo de mar, una serpiente marina, algo que nunca vio la luz del dia, había estado escondiéndose en el oscuro fondo del drenaje de la piscina, esperando para comerme.
Entonces… la pateo, a la resbaladiza, elástica y anudada piel y sus venas, y más de ella parece salir del drenaje de la piscina. Es quizás tan larga como mi pierna ahora, pero todavía agarrándose firme al agujero de mi culo. Con otra patada, estoy a una pulgada más cerca de tener aire. Todavía sintiendo la serpiente tirando de mi culo, estoy a una pulgada más cerca de mi escape.
Anudado dentro de la serpiente, puedo ver maíz y porotos. Puedo ver una gran bola naranja. Es el tipo de píldora de vitaminas para caballos que mi viejo me hace tomar, para ayudarme a mantenerme en peso. Para tener una beca escolar de futbol. Con extra hierro y ácidos grasos omega-tres.
Es ver la píldora vitamínica que salva mi vida.
No es una serpiente. Es mi intestino grueso, mi colon sacado afuera. Lo que los médicos llaman, prolapsado. Son mis tripas chupadas en el drenaje.
Los paramédicos te van a decir que una bomba de una pileta tira 80 galones de agua por minuto. Eso es como 400 libras de presión. El gran problema es que estamos todos conectados adentro. Tu culo es sólo el lejano final de tu boca. Si lo dejo seguir, la bomba sigue trabajando -desdoblando mis entrañas- hasta que tenga mi lengua. Imagináte echarse un cagada de 400 libras, y vas a ver como esto te puede doblar para afuera.
Lo que te puedo decir es que tus tripas no sienten mucho dolor. No de la forma que tu piel siente dolor. Las cosas que estás digiriendo, los doctores lo llaman materia fecal. Más arriba hay bilis, un desastre con maíz y porotos y guisantes redondos y verdes.
Eso es toda esta sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y porotos flotando alrededor mío. Incluso con mis tripas desenmarañando afuera de mi culo, yo agarrándome de lo que me queda, incluso en ese momento mi primer deseo es de alguna forma ponerme el traje de baño de nuevo.
Dios no permita que mis viejos me vean el pito.
Una mano agarrando por el culo, mi otra mano engancha mi bañador de rayas amarillas y lo saca de mi cuello. Todavía, ponérselos es imposible.
Quieres sentir tus intestinos?, vete a comprar una caja de esos forros ultrafinos. Saca uno y desenrrollalo. Llénalo con mantequilla de maní. Untálo con vaselina y agarralo bajo el agua. Después, trata de romperlo. Trata de partirlo por la mitad. Es muy fuerte y elástico. Es tan delgado que no lo puedes agarrar bien.
Un forro ultrafino, es sólo el intestino.
Puedes ver contra que me enfrento.
Te dejas ir por un segundo, y estás destripado.
Nadas a la superficie a respirar, y estás destripado.
No nadas, y te ahogas.
Es una decisión entre estar muerto ahora o dentro de un minuto.
Lo que mis viejos van a encontrar después del trabajo es un gran feto desnudo, encorvado en sí mismo. Flotando en el agua de su piscina. Atado al fondo por una soga gruesa de venas y tripas retorcidas. Lo opuesto de un chico ahorcándose mientras se pajea. Este es el bebe que trajeron a casa del hospital hace trece años. Aquí está el chico que esperaban ganase una beca de fútbol escolar y que obtuviera un MBA. Quien cuidaría de ellos cuando sean viejos. Aquí están todas sus esperanzas y sueños. Flotando ahí, desnudo y muerto. Alrededor suyo, grandes perlas lechosas de esperma desperdiciada.
Es eso, o mis viejos me van a encontrar envuelto en una toalla sangrienta, colapsado a mitad de camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, las andrajosas sobras de mis tripas todavía colgando de la pierna de mi bañador a rayas amarillas.
De lo que ni siquiera los franceses hablarían.
Ese hermano mayor de la Marina, nos enseñó otra buena frase. Una frase rusa. La forma que decimos: “necesito eso como un agujero en mi cabeza…” los rusos dicen: “necesito eso como dientes en el culo…”
Mne eto nado kak zuby v zadnitse
Esas historias sobre animales atrapados en esas trampas que se mastican la pata, bueno, cualquier coyote te va a decir que un par de mordiscos te salvan de estar muerto.
Mierda… incluso si eres ruso, algún día podrías querer esos dientes.
De otra forma, lo que tienes que hacer es –tienes que retorcerte. Pones un codo detrás de tu rodilla y tiras esa pierna hacia tu cara. Muerdes y desgarras tu propio culo. Te quedas sin aire, y vas a masticar cualquier cosa para tener ese próximo aliento.
No es algo que le quieras contar a una chica en la primera cita. No si esperás un beso de buenas noches.
Si te dijera qué gusto tiene, nunca, jamás comerías calamar de nuevo.
Es difícil decir lo que le molestó más a mis viejos: cómo me metí en problemas o cómo me salvé. Después del hospital, mi mamá dijo, “No sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock.” Y aprendió a hacer huevos pasados por agua.
Toda esa gente desagradada o sintiendo lástima por mi…
Necesito eso como dientes en el culo.
Ahora, la gente siempre me dice que me ve muy flaco. La gente en fiestas o cenas se incomodan y se enojan cuando no como lo que cocinaron. Un puchero me mata. Jamón cocido. Cualquier cosa que esté en mis tripas por más de un par de horas, sale todavía como comida. Pedazos de pescado cocinado en casa, me voy a cagar y los voy a ver todavía ahí en el inodoro.
Después de tener una resección intestinal importante, no se digiere la carne tan bien. La mayoría de la gente tienen cinco pies de intestino grueso. Yo tengo suerte de tener mis seis pulgadas. Así que nunca tuve una beca escolar de fútbol. Nunca tuve un MBA. Mis dos amigos, el chico de la cera y el chico de la zanahoria, crecieron, se hicieron grandes, pero yo nunca pesé una libra más de lo que pesaba ese día cuando tenía trece años.
Otro gran problema fue que mis viejos pagaron bastante dinero por esa piscina. Al final mi viejo le dijo al tipo de la piscina que fue un perro. El perro de la familia se cayó y se ahogó. El cuerpo muerto fue succionado por la bomba. Incluso cuando el tipo de la piscina abrió el filtro pescando y sacando un tubo elástico, un cacho aguado de intestino con una gran píldora vitamínica adentro, incluso ahí, mi viejo decía, “Ese perro de mierda estaba loco.”
Incluso desde la ventana de arriba en mi cuarto, podías escuchar a mi viejo decir, “No pudimos confiar en ese perro por un segundo…”
Después a mi hermana no le vino.
Incluso después de que cambiaron el agua de la piscina, después de vender la casa y mudarnos a otro estado, después del aborto de mi hermana, incluso ahí mis viejos nunca lo mencionaron de nuevo.
Jamás.
Esa es nuestra zanahoria invisible.
Tú. Ahora puedes dar un buen, profundo respiro.
Yo todavía no lo hice.
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El niño proletario http://www.diariodeunchicotrabajador.com/el-nino-proletario/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/el-nino-proletario/#comments Wed, 20 Apr 2016 15:59:34 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4393 ¡Qué ridículo es todo! ¡Qué ridículas las posiciones ideológicas, los conceptos que defendemos y por los que morimos! ¡Que ridículo es ser esto o aquello! ¡Qué ridículo ser mujer u hombre, proletario o burgués, víctima o verdugo! ¡Qué ridículo es el bien y qué ridículo es el mal!

sfgb

La primera vez que intenté leer este cuento, El niño proletario, de Osvaldo Lamborghini, ni siquiera puede acabar. Sí, ya sé que soy bien fresa, pero qué quieren, me pegó como un tubo: no pude con la parte moral y horrorífica del relato.

La segunda vez que lo leí, hace unos días, si lo acabé y me impactó igual. Ya no por la maldad ni nada de eso, sino por la verguenza de vivir en una sociedad que ha creado tantos conceptos rídiculos: ser mujer, ser hombre, se proletario, ser burgués, se pobre, ser rico. Para mi de eso va la obra de Osvaldo Lamborghini (¡lean Tadeys, lean Tadeys!). De lo patético que es escudarnos en las definiciones y posiciones que nos hemos creado. ¡Hay que destruirlas todas! ¡Hay que romper la ley y las reglas! ¡Hay que salir  la calle sin escudos!

Aquí les dejo este tremendo, perfecto cuento, del Gran Tadey, Osvaldito.

El niño proletario

de Osvaldo Lamborghini.

Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.

Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.

El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.

En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario.

Stroppani era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande.

Evidentemente, la sociedad burguesa, se complace en torturar al niño proletario, esa baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror.

Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa.

Contrae sífilis y, enseguida que la contrae, siente el irresistible impulso de casarse para perpetuar la enfermedad a través de las generaciones. Como la única herencia que puede dejar es la de sus chancros jamás se abstiene de dejarla. Hace cuantas veces puede la bestia de dos espaldas con su esposa ilícita, y así, gracias a una alquimia que aún no puedo llegar a entender (o que tal vez nunca llegaré a entender), su semen se convierte en venéreos niños proletarios. De esa manera se cierra el círculo, exasperadamente se completa.

¡Estropeado!, con su pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo y los periódicos bajo el brazo, venía sin vernos caminando hacia nosotros, tres niños burgueses: Esteban, Gustavo, yo.

La execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre.

Gustavo adelantó la rueda de su bicicleta azul y así ocupó toda la vereda. ¡Estropeado! hubo de parar y nos miró con ojos azorados, inquiriendo con la mirada a qué nueva humillación debía someterse. Nosotros tampoco lo sabíamos aún pero empezamos por incendiarle los periódicos y arrancarle las monedas ganadas del fondo destrozado de sus bolsillos. ¡Estropeado! nos miraba inquiriendo con la cara blanca de terror o por ese color blanco de terror en las caras odiadas, en las fachas obreras más odiadas, por verlo aparecer sin desaparición nosotros hubiéramos donado nuestros palacios multicolores, la atmósfera que nos envolvía de dorado color.

A empujones y patadas zambullimos a ¡Estropeado! en el fondo de una zanja de agua escasa. Chapoteaba de bruces ahí, con la cara manchada de barro, y. Nuestro delirio iba en aumento. La cara de Gustavo aparecía contraída por un espasmo de agónico placer. Esteban alcanzó un pedazo cortante de vidrio triangular. Los tres nos zambullimos en la zanja. Gustavo, con el brazo que le terminaba en un vidrio triangular en alto, se aproximó a ¡Estropeado!, y lo miró. Yo me aferraba a mis testículos por miedo a mi propio placer, temeroso de mi propio ululante, agónico placer. Gustavo le tajeó la cara al niño proletario de arriba hacia abajo y después ahondó lateralmente los labios de la herida. Esteban y yo ululábamos. Gustavo se sostenía el brazo del vidrio con la otra mano para aumentar la fuerza de la incisión.

No desfallecer, Gustavo, no desfallecer.

Nosotros quisiéramos morir así, cuando el goce y la venganza se penetran y llegan a su culminación.

Porque el goce llama al goce, llama a la venganza, llama a la culminación.

Porque Gustavo parecía, al sol, exhibir una espada espejeante con destellos que también a nosotros venían a herirnos en los ojos y en los órganos del goce.

Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado.

Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban, Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le echó encima primero, el primero que arremetió contra el cuerpiño de ¡Estropeado!, Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor.

Esteban y yo nos conteníamos ásperamente, con las gargantas bloqueadas por un silencio de ansiedad, desesperación. Esteban y yo. Con los falos enardecidos en las manos esperábamos y esperábamos, mientras Gustavo daba brincos que taladraban a ¡Estropeado! y ¡Estropeado! no podía gritar, ni siquiera gritar, porque su boca era firmernente hundida en el barro por la mano fuerte militari de Gustavo.

A Esteban se le contrajo el estómago a raíz de la ansiedad y luego de la arcada desalojó algo del estómago, algo que cayó a mis pies. Era un espléndido conjunto de objetos brillantes, ricamente ornamentados, espejeantes al sol. Me agaché, lo incorporé a mi estómago, y Esteban entendió mi hermanación. Se arrojó a mis brazos y yo me bajé los pantalones. Por el ano desocupé. Desalojé una masa luminosa que enceguecía con el sol. Esteban la comió y a sus brazos hermanados me arrojé.

Mientras tanto ¡Estropeado! se ahogaba en el barro, con su ano opaco rasgado por el falo de Gustavo, quien por fin tuvo su goce con un alarido. La inocencia del justiciero placer.

Esteban y yo nos precipitamos sobre el inmundo cuerpo abandonado. Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de soga de alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies, malolientes de los pies, que ya de nada irían a servirle. Nunca más correteos, correteos y saltos de tranvía en tranvía, tranvías amarillos.

Promediaba mi turno pero yo no quería penetrarlo por el ano.

-Yo quiero succión -crují.

Esteban se afanaba en los últimos jadeos. Yo esperaba que Esteban terminara, que la cara de ¡Estropeado! se desuniera del barro para que ¡Estropeado! me lamiera el falo, pero debía entretener la espera, armarme en la tardanza. Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulosfalanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el cuello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos, sin todavía el prístino argénteo fin de muerte. Todavía escabullirse literalmente en la tardanza.

Gustavo pedía a gritos por su parte un fino pañuelo de batista. Quería limpiarse la arremolinada materia fecal conque ¡Estropeado! le ensuciara la punta rósea hiriente de su falo. Parece que ¡Estropeado! se cagó. Era enorme y agresivo entre paréntesis el falo de Gustavo. Con entera independencia y solo se movía, así, y así, cabezadas y embestidas. Tensaba para colmo los labios delgados de su boca como si ya mismo y sin tardanza fuera a aullar. Y el sol se ponía, el sol que se ponía, ponía. Nos iluminaban los últimos rayos en la rompiente tarde azul. Cada cosa que se rompe y adentro que se rompe y afuera que se rompe, adentro y afuera, adentro y afuera, entra y sale que se rompe, lívido Gustavo miraba el sol que se moría y reclamaba aquel pañuelo de batista, bordado y maternal. Yo le di para calmarlo mi pañuelo de batista donde el rostro de mi madre augusta estaba bordado, rodeado por una esplendente aureola como de fingidos rayos, en tanto que tantas veces sequé mis lágrimas en ese mismo pañuelo, y sobre él volqué, años después, mi primera y trémula eyaculación.

Porque la venganza llama al goce y el goce a la venganza pero no en cualquier vagina y es preferible que en ninguna. Con mi pañuelo de batista en la mano Gustavo se limpió su punta agresiva y así me lo devolvió rojo sangre y marrón. Mi lengua lo limpió en un segundo, hasta devolverle al paño la cara augusta, el retrato con un collar de perlas en el cuello, eh. Con un collar en el cuello. Justo ahí.

Descansaba Esteban mirando el aire después de gozar y era mi turno. Yo me acerqué a la forma de

¡Estropeado! medio sepultada en el barro y la di vuelta con el pie. En la cara brillaba el tajo obra del vidrio triangular. El ombligo de raquítico lucía lívido azulado. Tenía los brazos y las piernas encogidos, como si ahora y todavía, después de la derrota, intentara protegerse del asalto. Reflejo que no pudo tener en su momento condenado por la clase. Con el punzón le alargué el ombligo de otro tajo. Manó la sangre entre los dedos de sus manos. En el estilo más feroz el punzón le vació los ojos con dos y sólo dos golpes exactos. Me felicitó Gustavo y Esteban abandonó el gesto de contemplar el vidrio esférico del sol para felicitar. Me agaché. Conecté el falo a la boca respirante de ¡Estropeado! Con los cinco dedos de la mano imité la forma de la fusta. A fustazos le arranqué tiras de la piel de la cara a ¡Estropeado! y le impartí la parca orden:

-Habrás de lamerlo. Succión-

¡Estropeado! se puso a lamerlo. Con escasas fuerzas, como si temiera hacerme daño, aumentándome el placer.

A otra cosa. La verdad nunca una muerte logró afectarme. Los que dije querer y que murieron, y si es que alguna vez lo dije, incluso camaradas, al irse me regalaron un claro sentimiento de liberación. Era un espacio en blanco aquel que se extendía para mi crujir.

Era un espacio en blanco.

Era un espacio en blanco.

Era un espacio en blanco.

Pero también vendrá por mí. Mi muerte será otro parto solitario del que ni sé siquiera si conservo memoria.

Desde la torre fría y de vidrio. Desde donde he contemplado después el trabajo de los jornaleros tendiendo las vías del nuevo ferrocarril. Desde la torre erigida como si yo alguna vez pudiera estar erecto. Los cuerpos se aplanaban con paciencia sobre las labores de encargo. La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra.

Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto.

Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo.

Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo.

Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal.

-Ahora hay que ahorcarlo rápido -dijo Gustavo.

-Con un alambre -dijo Estebanñ en la calle de tierra donde empieza el barrio precario de los desocupados.

-Y adiós Stroppani ¡vamos! -dije yo.

Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación.

[De “Sebregondi retrocede”, publicado en 1973 © herederos de Osvaldo Lamborghini]

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A Jesucristo le gusta el reggaeton http://www.diariodeunchicotrabajador.com/a-jesus-le-gusta-el-reggaeton/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/a-jesus-le-gusta-el-reggaeton/#comments Wed, 17 Feb 2016 04:36:35 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4378 Todavía me acuerdo cuando tenía unos 16 o 17 años y me vestía de skato; tenia el pelo decolorado de Güero, así, sobre mi cráneo bien moreno. Mis pantalones caían abajo de las nalgas junto a una cadena que plateada que salía de un bolsillo. Un arete colgaba abajo de mi labio inferior. Cada vez que vestido así entraba a algún lugar, tienda departamental, super, oficina, donde fuera, sentía encima los ojos de las pinches buenas costumbre: no dejaban de verme, no me fuera yo a robar algo, con la pinta de maleante que tenía.

Oía ska y rock en español, y las viejitas y las tías decían, como siempre han dicho los viejos a los largos de los tiempos, las mismas madadas: que si pura musica de perdición, que si violencia y sexo y puro satanismo, que la música ya no es lo que era y la juventud se está perdiendo. En fin ya se saben la cantaleta.

Lo más triste es que muchos de los que en esos tiempos eramos eskatos o rokeros o lo que fuera, se han ido reformando: es penoso ver cómo de manera avasalladora el sistema termina engulléndonos a todos: nos chupa los huesos y nos envejece: somos nosotros los que ahora repetimos la misma sarta de pendejadas cuando vemos a los chavitos reggetoneros: no mames, eso no es música, en mis tiempos la contracultura era diferente. No, es que estos chavos estan tremendos, nosotros no hacíamos estas cosas… sí, éramos rebeldes, pero en el fondo había un respeto. Qué es eso del perreo. No, el rock era cultura, proponía, estas son pendejadas para puro pinche naco inculto.

Así lo dicen.

Y me emputa.

Porque son los mismos jóvenes que éramos nosotros, y porque el reggaeton, con su imitación gangsteril o ultrasexual o los mil contras que tenga, es la música que en esta generación ha abanderado la rabia: la rabia de reclamar un lugar en el mundo, a través del sexo o de la simulación del sexo: la rabia que se consigue espantando a las buenas costumbres, que antes eran malas pero ahora son buenas costumbres de chavos de treinta y tantos que desprecian el reggaeton… la aplanadora sigue girando y ahora nuestros huesos oxidados nos hacen repetir los rezos estériles de los viejos miedosos contra los que luchábamos en nuestros días. Esos viejos que hubiéramos aborrecido ser, esos farsante miedosos y reprimidos que no entendían nada. Chale. VALE VERGA.

Por eso yo digo: ¡Que viva el reggaeton! Porque, al contrario el rock, que perdió los huevos (o se hizo Indie), el reggaeton es fresco y estúpido y rebelde y rabioso, cómo la adolescencia. ¡Que vivan los reggatoneros y reggaetoneras de este mundo! ¡Que viva la banda, que vivan los adultos que no han envejecido, que entienden y están furiosos contra los que ya se pasaron del otro lado! Ahhh, bien lo reclamaba y de manera maravillosamente poética Efrén Hernández en su cuento Sobre causas de títeres:

Y qué dichosos sueños soñábamos entonces. Pero a partir de entonces, aproximadamente desde entonces, mis contemporáneos empezaron a perder su espíritu infantil, empezaron a hacerse serios, a adquirir espíritu de responsabilidad, a subordinarse a las exigencias de la vida práctica, a trabajar, a negociar, a prosperar como personas serias…..

Cuando veo a los reggaetoneros con sus san juditas, me veo a mí mismo intentando encontrar un camino: identidad en medio de la no dirección: de la vida, de las escuelas, de los papás. se necesitan huevos para encontrar un identidad, aunque se provisoria, y más, encontrar una identidad que todo el mundo discrimina.

Se necesitaron huevos para ser pachucos y hippies y chavos banda, punks y rockeros y eskatos, emos y ahora reggaetoneros… y tener huevos es lo que importa: arriesgarse al ridiculo que da la busqueda de la identidad.

¡Que vivan ellos! Como en su tiempo vivimos nosotros.

el-evangelio-para-la-banda-trailer-1413324184332

Para cerrar, les comparto esta megajoya que apenas descubrí: Episodios del Evangelio con sabor a banda. Es el trabajo de unos padres que trabajaban con chavos banda en los ochentas, su esfuerzo para adaptar la rigidez de las escrituras al lenguaje de la bandera. Uno de esos padres fue el que leyó ese mismo evangelio a los reggaetoneros fervorosos de San Juditas, con sus monas y sus perreos en el atrio de San Hipólito. Porque la música y la forma de vestir cambia, pero la banda sigue hablando igual y sigue siendo y siempre será la banda.

Recemos pues, este padre nuestro extraído de los episodios del Evangelio con sabor a banda, para que nos permita tener la mente bien abierta y no envejecer tan rápido.
Por que Dios y este mundo es para todos, no nada mas para unos cuantos viejitos estreñidos con gustos musicales impecables.

Padre Jefe, que estás en tu chante,
nuestros respetos, nuestros respetos,
Jefe Machín.
Échanos todos esos rollos, esos rollos,
que se realicen
en los barrios de las bandas,
contigo estamos, oh, Señor.

El refín de todos los días,
dánoslo, chido dánoslo
y perdona los errores,
manchados somos ante ti.
No nos dejes caer en los refuegos,
contra el vicio
tú haznos el paro, y de todos esos pedos,
líbranos, Señor.

Pero sobre todo, señor, sálvanos de algún día decir: en mis tiempos no era así, nosotros no hacíamos eso, la juventud era más sana. ¡Ay, estos muchachos están perdidos! Porque ese será el sinónimo de que ya nos nos quedan mucho más rabia, ni curiosidad, ni amor, para seguir.
Por eso a Jesús le gusta e reggaeton, porque Jesús quiere a los que están perdidos y buscan desesperadamente un camino para salvarse, a través de la identidad, de la música, de Dios.

Y al final solo los que están perdidos y rabiosos pueden encontrarse…

… Y si te gusta el reggaeton: ¡Dale!

Ilustración de Elian Tuya

Ilustración de Elian Tuya

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Estoy hasta la madre de crecer, o a la verga la superación personal http://www.diariodeunchicotrabajador.com/estoy-hasta-la-madre-de-crecer-o-a-la-verga-la-superacion-personal/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/estoy-hasta-la-madre-de-crecer-o-a-la-verga-la-superacion-personal/#comments Wed, 09 Dec 2015 18:17:36 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4358 El ruido de un golpe me saca del baño: estaba leyendo sentado en la tasa hasta que el sonido me levanta y luego los gritos de Bastian me hacen correr a su cuarto. Ya sé que se cayó, estoy seguro porque cuando lo acosté le pregunté si quería dormirse sin protecciones y él me dijo que sí.

Prendo la luz y lo levanto del piso. Le está saliendo sangre de la boca y sigue llore y llore. Lo llevo al baño, lo enjuago y veo que la sangre le sale del labio. Se debió de pegar contra las cajas de juguetes al lado de su cama.

Chale ¿yo me habré caído alguna vez así? Tuvo que haberme pasado. Pero se siente bien gacho que le pase a mi hijo, aunque también, de algún modo, está bien, porque aunque no es bonito, todos nos damos en la madre, siempre, y crecemos y aprendemos a no caernos de la misma forma. Y aunque duele un chingo así es la vida. Lo importante es crecer, como sea. Hacernos más grandes y más fuertes y mejores. ¿no?

Adentro de la cabeza, crecer, mente, superación personal, contro, auto superación

Ilustración de Elian Tuya

Sólo que yo ya estoy hasta la madre de crecer. De tener que estirar mis huesos y aspirar a ser mejor: mejor ser humano, mejor persona, mejor escritor, mejor papá. Estoy harto de los años nuevos y sus pinches doce uvas con sus retahílas de deseos: acabar mi novela, hacer ejercicio, comer mejor, meditar diario. Lo que sea, la cosa es siempre tener la mente fija en hacer más para sentirme mejor conmigo mismo. Y ya no quiero. Ya estoy cansado de que la palabra que me defina sea crecer.

Ahora quiero que sea estar. Estar. Únicamente estar y hacer las cosas porque quiero.

Hoy, después de dejar a Bastian en la escuela, pensé en eso, porque sobre el eje de Flores Magón vi un letrero de una primaria que presumía: “Ésta escuela no es para cualquiera, es sólo para unos cuantos:  aquí formamos a los líderes del futuro”.

¡Putos líderes del futuro! me grita mi rabia de dientes apretados. Toda una pinche vida de maestros y trabajos y jefes y papás y obsesionados con ser mejores, con hacer más, con ser líderes impecables que guíen firmemente a los hombres hacia el porvenir, o alguna mamada de esas. ¿Por qué chingados querría que mi hijo fuera el líder del futuro? ¿Por qué chingados querría alguien formar a su hijo para que fuera el líder de otros pendejos obsesionados con ser mejores y superarse y crecer? ¿Por qué las escuelas no ofrecen otra cosa? Me imagino un letrero, igual de bonito, con los mismos niños de foto de stock y sus uniformes de escuela perfecta, pero que prometiera en vez de la abominable leyenda, lo siguiente: “Aquí formamos hombres felices”.  ¿No sería mejor un futuro con menos líderes y más hombres satisfechos y felices?

jardin, zen, meditación, tristeza

Foto de Balam-Ha

Nunca lo había entendido, pero ya lo decía Tyler Durden: la auto superación es masturbacion. Y no porque no se pueda llegar al mismo lado, al de ser un mejor hombre, papá, amigo. Eso está bien, no hay problema, sólo que la ruta de ser feliz por estar en el presente es más corta, y cuando uno se hace mejor persona gracias a haberla recorrido, ni siquiera anda presumiéndolo por ahí, publicando estados en Facebook de lo iluminado que uno está y lo solidario y sensible y chakrasensibilizado que se ha vuelto.

Estoy hasta la puta verga de las metas y de ganar puntos extras en este pinche concurso de la autoaceptación.

Porque es un concurso infinito. Nunca se acaba. Cuando ya acumulaste un montón y crees que sí, al fin ya te lo ganaste, ya te puedes echar un rato en el sillón sin hacer nada, un juez invisible cambia el nivel de las recompensas y ahora ya no te alcanza para nada con tus pinches puntitos.

Nunca se acaba. Nunca Nunca Nunca. Siempre podemos ser más sensibles y más humanos y más fuertes y más macro-vegano-yogui-emprende-creativo-chingones.

No sé.

Yo ya no le entro.

Yo ya no quiero seguir creciendo a huevo. Ya me hartó ese discurso de mejorar y mejorar, como si sólo al lograrlo, al llegar y ser mejor, me diera chance de aceptarme. Como si sólo así me aceptaran los demás, mi papá, mi mamá, mi familia, Dios.

Chale, qué triste sería que mi hijo sintiera que tiene que crecer y ser mejor hombre para que lo quiera. Que tiene que aprender a no caerse de la cama o a no hacerse pipí en la noche. No, Bastian, le diría, no tienes que hacer absolutamente nada. Esto que siento por ti no tiene condiciones, no está amarrado a ningún futuro. Verte dormir aquí, después de que te cayeras y te abrieras la boca, es todo lo que necesitas hacer: ser.

Y también me lo digo a mí, que soy el que más lo necesita. Por qué estoy cansado de correr y estirarme para alcanzar unas migajas de tranquilidad y autorrealización.

Bueno, aquí un poema que escribí el otro día que me sentía desesperado y para sentir que tenía el control me dieron ganas de apretarme las tuercas y poner orden: hacer un catálogo de lo que estaba mal en mi vida y lo que debía hacer para cambiarlo y combatirlo, como siempre lo he hecho: enlistado las muchas cosas que tengo que mejorar.

Superación personal

Aprende a meditar

Traza largas jornadas zen

Respira

Haz ejercicio

Lleva una dieta balanceada

Practica la contención

Reza y repite mi nombre

diez mil veces

 

Me da igual

No me importa

 

Busca en el fondo

Estira

Sumérgete en el abismo de tí mismo

Deslúmbrate

Vuélvete loco buscando la respuesta

Habla con un contorsionista

Alarga el inconsciente

Busca símbolos en la arena de tus sueños

Límpialos y ordénalos

En las amables vitrinas

De tu comprensión

 

En Serio. Da igual

No importa

 

Nada eso

Ningún descubrimiento

Ni mejora

Me impresiona

 

Entrégate a la dulzura de los templos

Haya descanso en los sermones

Crece con ardor y cenizas

Consigue un maestro

Una vocación

Un papá a tu medida

Cumple cada punto

Del catálogo de tus sueños

Retoca cada esquina

De tu yo mismo perfecto

Cruza la línea

Siéntete a salvo

Presume

Llega al punto al que siempre

Quisiste llegar

 

Está bien. No hay bronca.

Ninguna colección de respuestas

Ningún álbum de revelaciones

Me sorprende

 

Da igual

En serio

Nada de eso me va a hacer

quererte más

que como te quise

 

desde el principio

Dios, burbujas, dios tranquilo, dios jugando a las burbujas

Ilustración de Alessandro Gottardo

 

Bueno. Hora de dormir. Le vuelvo a poner a Bastian las protecciones de al lado de su cama, porque no hay prisa, no tiene que aprender a dormirse sin caerse de la cama hoy mismo, todavía está chiquito.

Como yo.

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Más cuentos chingones http://www.diariodeunchicotrabajador.com/mas-cuentos-chingones-gratis/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/mas-cuentos-chingones-gratis/#comments Wed, 07 Oct 2015 18:26:09 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4315 ¡Pásele pásele, encuentre aquí más de 200 cuentos chingones para leer online, gratis! ¡Levántele, lleve, lleve! ¡Hágase de su biblioteca virtual ya mismo!

Ilustración de ArtemisiaSynchroma

 

Cómo ya estarán bien enterados y leídos (espero), hace dos semanas saqué una compilación digital con doce de los mejores cuentos que a lo largo de 10 años he publicado en este blog. La respuesta me tiene estupefacto de alegría: en menos de 15 días lo han descargado exactamente 3835 personas, se ha retuiteado más de 250 veces y, en facebook, se ha rolado con la bandera en más de 7000 ocasiones. Lo cual es un chingo. Bueno, y con cada descarga (si aún no lo tienen pueden descargárselo aquí: Bájate 12 cuentos chingones) los lectores recibían un mail con el libro y la petición para que me mandaran sus propias listas con sus cuentos favoritos. Más de 150 personas contestaron ese mail y con esas respuestas les preparo esta entrada, que pretende ser una bibliotequita virtual con puro cuento chingón más sus enlaces directos para leerlos en la interné  (faltaron algunos, si los encuentran, rolenlos para mejorar el acervo- por cierto, gracias a Katia a que me ayudo a armar esta lista y rastrear los links).

Pero primero lo primero. Aquí los escritores con más menciones (no incluyo a los que sólo fueron mencionados una vez, por ue ya aparecen en la lista de cuentos)

Los más mencionados

MENCIONES AUTORES
27 Julio Cortázar
20 Jorge Luis Borges
19 Juan Rulfo
17 Edgar Allan Poe.
13 H.P. Lovecraft
8 Ray Bradbury
8 Gabriel García Márquez.
6 Horacio Quiroga.
5 Charles Bukowski
4 Antón Chejov
4 Mario Benedetti
4 Edmundo Valadés
4 Guy de Maupassant
4 José Emilio Pacheco
4 Franz Kafka
3 Carlos Fuentes
3 Raymond Carver
3 Juan José Arreola
3 Isaac Asimov
3 Saki
3 Tolstoi
3 Boris Vian
3 Jean Paul Sartre
3 Heraclio Zepeda
2 José Rubén Romero
2 Chuck Palahniuk
2 Rodolfo Walsh
2 Ambrose Bierce
2 José Revueltas
2 Ibargüengoitia
2 Salvador Elizondo
2 Juan García Ponce
2 Jack London
2 Héctor Aguilar Camín
2 Marguerite Yourcenar
2 Philip K. Dick
2 Adolfo Bioy Casares
2 W. W. Jacobs
2 B. Traven
2 P.I. Dostoievsky
2 Ámparo Dávila

 

Ilustracion de Nahuel de Vedia

Ilustracion de Nahuel de Vedia

Y ahora sí, aquí la mera lista con el nombre y el autor del cuento, y su respectivo enlace para su amena lectura. ¡Atasquense, que hay lodo!

La biblioteca chingona

MENCIONES CUENTOS LINK
7 Casa tomada – Julio Cortazar Lee el cuento en este link
5 El perseguidor – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
5 La autopista del sur – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
5 El llano en llamas – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
4 El aleph – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
4 Carta a una señorita en París – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
4 Corazón delator – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
3 El jardín de los senderos que se bifurcan – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
3 El inmortal – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
3 El guardagujas – Juan José Arreola Lee el cuento en este link
3 La gallina degollada – Horacio Quiroga Lee el cuento en este link
3 Luvina – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
3 La pata del mono – W. Jacobs Lee el cuento en este link
3 Macario – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
3 El Almohadón de plumas – Horacio Quiroga Lee el cuento en este link
3 La máscara de la muerte roja – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
2 Tripas – Chuck Palahniuk Lee el cuento en este link
2 Esa mujer – Rodolfo Walsh Lee el cuento en este link
2 Bola de sebo – Guy de Maupassant Lee el cuento en este link
2 El color que cayo del cielo – H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
2 El ahogado más hermoso del mundo – Gabriel García Márquez Lee el cuento en este link
2 Axolotl – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
2 La muerte tiene permiso – Edmundo Valadés Lee el cuento en este link
2 ¿No oyes ladrar los perros? – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
2 Apuntes de un lugareño – José Rubén Romero Lee el cuento en este link
2 Erostrato – Jean Paul Sartre Lee el cuento en este link
2 Las ruinas circulares – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
2 Diles que no me maten – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
2 El ruido de un trueno – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
2 El gato negro – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
2 Mañana lloraré – Héctor Aguilar Camín Lee el cuento en este link
2 Berenice – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
2 Aura – Carlos Fuentes Lee el cuento en este link
2 El principito – Saint Exupery Lee el cuento en este link
2 Chac Mool – Carlos Fuentes Lee el cuento en este link
2 Benzulul – Heraclio Zepeda Lee el cuento en este link
2 Anacleto Morones – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
2 La continuidad de los parques – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
2 El huésped – Ámparo Dávila Lee el cuento en este link
2 Ojos de perro azul – Gabriel García Márquez Lee el cuento en este link
La ley del Talión – Yazutaka Lee el cuento en este link
Una buena vida – Jerome Bixby Lee el cuento en este link
El mensajero del futuro – Poul Anderson Lee el cuento en este link
El mico – Francisco Tario Lee el cuento en este link
La verdad sobre el caso del señor Valdemar – Edgar Alan Poe Lee el cuento en este link
La Jaula – Bertram Chandler Lee el cuento en este link
Un asesinato – Antón Chejov Lee el cuento en este link
Don Pedrito – José Augusto del Solar Cespedes
El artista del hambre – Franz Kafka Lee el cuento en este link
La noche boca arriba – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
Mi fantasma – Jean Ray
Un suceso en el puente del búho – Ambrose Bierce Lee el cuento en este link
El Maligno – Roberto Duncan
El niño del mañana – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
El bordado – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
Miss amnesia – Mario Benedetti Lee el cuento en este link
Rock – Edmundo Valadés Lee el cuento en este link
El Nicolás – José Agustín Lee el cuento en este link
Después del almuerzo – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
El tonel de amontillado – William Wilson Lee el cuento en este link
Lobo-hombre – Boris Vian Lee el cuento en este link
Los perros el deseo y la muerte – Boris Vian Lee el cuento en este link
El pensador – Boris Vian Lee el cuento en este link
Los conejos blancos – Leonora Carrington Lee el cuento en este link
La biblioteca de Babel – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Pierre Menard autor del Quijote – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Hegel y yo – Julio Revueltas Lee el cuento en este link
La mujer que no – Jorge Ibargüengoitia Lee el cuento en este link
There are more things – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
La hormiga argentina – Italo Calvino Lee el cuento en este link
La ciudad sin nombre -H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
Se anuncia un asesinato – Agatha Christie Lee el cuento en este link
Enciclopedia – Francisco Hinojosa Lee el cuento en este link
Barba Blanca – Charles Bukowski Lee el cuento en este link
El retorno – Roberto Bolaño Lee el cuento en este link
Tobermory – Saki Lee el cuento en este link
Tres muertes – Tolstoi Lee el cuento en este link
El golerito (Puntero izquierdo) – Mario Benedetti Lee el cuento en este link
Privacy – Richard Ford Lee el cuento en este link
La ola – Octavio Paz Lee el cuento en este link
Ojos brillantes – Etgar Keret Lee el cuento en este link
Nadie se va a reír – Milan Kundera Lee el cuento en este link
El muro – Jean Paul Sartre Lee el cuento en este link
La salud de los enfermos – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
Lejana – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
La sala número 6 – Antón  Chéjov Lee el cuento en este link
Imagen primera – Juan García Ponce Lee el cuento en este link
La puerta – Salvador Elizondo Lee el cuento en este link
Olaf oye tocar a Rachmaninof – Cary Kerner Lee el cuento en este link
Todos tienen premio, todos – Emiliiano Pérez Cruz Lee el cuento en este link
Viaje a la semilla – Alejo Carpentier Lee el cuento en este link
Exactamente no fue Bernardette –  Charles Bukowski Lee el cuento en este link
Las piernas – Edmundo Valadés Lee el cuento en este link
Vientooo – Heraclio Zepeda Lee el cuento en este link
Dormir en tierra – José Revueltas Lee el cuento en este link
Los viernes de Lautaro – Jesús Gardea Lee el cuento en este link
La fiesta de las balas – Martín Luis Guzmán Lee el cuento en este link
Envío – Juan García Ponce Lee el cuento en este link
La noche de los feos – Mario Benedetti Lee el cuento en este link
La última pregunta – Isaac Asimov Lee el cuento en este link
La Prisión de la Libertad – Michael Ende Lee el cuento en este link
El Espejo en el Espejo – Michael Ende Lee el cuento en este link
Egidio el Granjero – Ham de Folien Lee el cuento en este link
La llamada de Cthulhu -H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
Canek – Emilio Abreu Gómez Lee el cuento en este link
La extraña Vida de Ivan Osokin – P.I. Ouspensky Lee el cuento en este link
La Serpiente Verde – Goethe Lee el cuento en este link
La historia del señor Sommer – Patrik Süskind Lee el cuento en este link
Mi caballo, mi perro y mi rifle – José Rubén Romero Lee el cuento en este link
El principio del placer – Emilio Pacheco Lee el cuento en este link
Retrete budista – Yasunari Kawabata Lee el cuento en este link
Radiografía del amor – Óscar de la Borbolla Lee el cuento en este link
La sonrisa de Marko – Yourcenar Lee el cuento en este link
Funes el memorioso – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Burritos de hielera – Carlos Velazquez Lee el cuento en este link
La muerte de Ivan Ilich – Tolstoi Lee el cuento en este link
La cartera del cretino – Kurt Vonnegut Lee el cuento en este link
Esos años dorados – Parménides García Saldaña Lee el cuento en este link
Una reminiscencia del doctor Samuel Johnson -H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
La casa del juez – Bram Stoker Lee el cuento en este link
Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles – Gabriel García Márquez Lee el cuento en este link
Un señor muy viejo con unas alas enormes – Gabriel García Márquez Lee el cuento en este link
La luz es como el agua – Gabriel García Márquez Lee el cuento en este link
Los Culpables – Juan Villoro Lee el cuento en este link
William Wilson – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
El Matadero – Esteban Echeverría Lee el cuento en este link
El horror de las alturas – Arthur Conan Doyle Lee el cuento en este link
Micromegas – Voltaire Lee el cuento en este link
El hombre sin cuerpo – Edward Page Mitchell Lee el cuento en este link
La Sombra y el Destello – Jack London Lee el cuento en este link
Mellonta Tauta – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
No despertéis a los muertos – Johann Ludwig Tieck Lee el cuento en este link
El Vampiro – John William Poidori Lee el cuento en este link
La muerta enamorada – Théophile Gautier Lee el cuento en este link
La familia del vurdalak – Alexei Tolstoi Lee el cuento en este link
Estoy en Puerto Marte sin Hilda – Isaac Asimov Lee el cuento en este link
Soñar es asunto privado – Isaac Asimov Lee el cuento en este link
Vi – Nikolái Gógol Lee el cuento en este link
El Horla – Guy de Maupassant Lee el cuento en este link
Y, sin embargo es un pañuelo – Jaime Muñoz de Baena Lee el cuento en este link
La casa de Asterion – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Polaris -H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
Kid Stardust en el matadero – Bukowski Lee el cuento en este link
El libro de Arena – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
El que susurra en la oscuridad – Lovecraft Lee el cuento en este link
El espejo que no dormía bien – Monterroso Lee el cuento en este link
Ante la ley – Kafka Lee el cuento en este link
Canastitas en serie – Bruno Traven Lee el cuento en este link
No son tu marido – Raymundo Carver Lee el cuento en este link
La posmodernidad explicada a las putas – Guillermo Fadanelli Lee el cuento en este link
Enrique Martín – Roberto Bolaño Lee el cuento en este link
El fiord – Osvaldo Lamborghini Lee el cuento en este link
Mis embargos – Ibargüengoitia Lee el cuento en este link
Iván el imbécil – Tolstoi Lee el cuento en este link
En la cripta – Lovecraft Lee el cuento en este link
El cuervo – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
El emperador de los Asirios – J.E. Pacheco Lee el cuento en este link
Ficciones – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Crónicas Marcianas – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
Dublineses – James Joyce Lee el cuento en este link
Cuentos – Franz Kafka Lee el cuento en este link
Catedral – Raymond Carver Lee el cuento en este link
Cuentos – Anton Chéjov Lee el cuento en este link
El desencarnado – Salvador Elizondo Lee el cuento en este link
Sredni Vashtar – Saki Lee el cuento en este link
La estatua de sal – Leopoldo Lugones Lee el cuento en este link
El infierno – Virginlio Piñera Lee el cuento en este link
El hombre de arena – E.T.A. Hoffman Lee el cuento en este link
La muerte de Marko Kralievitch – Marguerite Yourcenar Lee el cuento en este link
Hogar – Istvan Orkény Lee el cuento en este link
Un niño – Helen Buckley Lee el cuento en este link
El árbol de zapatos Lee el cuento en este link
Tres rosas amarillas – Carver Lee el cuento en este link
El sur – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
La Cena – Herman Koch Lee el cuento en este link
Algunas peculiaridades de los ojos – Philip K. Dick Lee el cuento en este link
Margarita o el poder de la farmacias – Adolfo Bioy Casares Lee el cuento en este link
En memoria de Paulina – Adolfo Bioy Casares Lee el cuento en este link
Salon de belleza – Mario Bellatin Lee el cuento en este link
Pedro Paramo – Juan Rulfo Lee el cuento en este link
El gran inquisidor extraido de Los Hermanos Karamazov – P.I. Dostoievsky Lee el cuento en este link
Para Esme con amor y sordidez – J.D. Salinger Lee el cuento en este link
Hacer un fuego – Jack London Lee el cuento en este link
La ventana abierta – Saki Lee el cuento en este link
Final del Juego – Julio Cortazar Lee el cuento en este link
Emma Zunz – Jorge Luis Borges Lee el cuento en este link
Podemos recordarlo todo por usted – Philip K. Dick Lee el cuento en este link
El emisario – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
La nave de los albatros – Félix J. Palma Lee el cuento en este link
Té para dos – Milorad Pavic Lee el cuento en este link
El Lago – Ray Bradbury  Lee el cuento en este link
La desaparición de las urnas – Jorge F. Fernández
Tenga para que se entretenga – Jorge Emilio Pacheco Lee el cuento en este link
La jaula de la tía Endina – Adela Fernández Lee el cuento en este link
Paco Yunque – César Vallejo Lee el cuento en este link
El pájaro azul – Rubén Darío Lee el cuento en este link
La sunamita – Inés Arredondo Lee el cuento en este link
Retrato de Virginia – Regina Cohen Lee el cuento en este link
Los asesinos – Ernest Hemingway Lee el cuento en este link
Meter al diablo en el infierno – Boccaccio Lee el cuento en este link
El pozo y el péndulo – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
Mis recuerdos privados de la epidemia estigmática de Hoffer – Dan Simmons Lee el cuento en este link
Golpes en el vacío – Charles Bukowski Lee el cuento en este link
El dedo medio del pie derecho – Ambrose Bierce Lee el cuento en este link
Reanimator – H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
El mandarían – Eca  Queiroz Lee el cuento en este link
Los lentes azules – Daphne du Maurier Lee el cuento en este link
Baterbly – Herman Melville Lee el cuento en este link
Maestro Miseria – Truman Capote Lee el cuento en este link
El pesador de almas – Andre Maurois Lee el cuento en este link
Desayuno en TIfanny’s – Truman Capote Lee el cuento en este link
La cuesta de las comadres – Juan  Rulfo Lee el cuento en este link
La ventana – Germán Sáncehz Espeso Lee el cuento en este link
La máquina de follar – Charles Bukowski Lee el cuento en este link
Jaconto Merengue – Francisco Tario
Album – Alberto Chimal Lee el cuento en este link
En las montañas de la locura – H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
El wendigo – Algernon Blackwood Lee el cuento en este link
Íntimas suculencias – Laura Esquivel Lee el cuento en este link
Las manos que crecen – Julio Cortázar Lee el cuento en este link
Contemplación – Franz Kafka Lee el cuento en este link
Era cariñosa y humilde – Dostoievski Lee el cuento en este link
El extraño – H.P. Lovecraft Lee el cuento en este link
La casa del viento – Alejandro Dumas Lee el cuento en este link
El gato Salomón – Laura Álvarez Navas Lee el cuento en este link
La fruta en el fondo del tazón – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
El niño invisible – Ray Bradbury Lee el cuento en este link
La caída de la casa Usher – Edgar Allan Poe Lee el cuento en este link
La muerte en vida – Roberto E. Howard
Matemáticas mexicanas – Bruno Traven
Señorita Cora – Julio Cortazar Lee el cuento en este link

 

Recuerden, rolen esta entrada, manden los links que faltan o los que están mal o ya no sirven y, por supuesto, sino contribuyeron, aquí en los comentarios pongan su lista suya de ustedes mismo (sic) para ir actualizando nuestra biblioteca.

Ahora, para acabar, una bonita ilustración del quinto lugar de los escritores más mencionados: el H.P. Lovecraft

Ilustración de José Vélez

Ilustración de José Vélez

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12 cuentos chingones http://www.diariodeunchicotrabajador.com/12-cuentos-chingones/ http://www.diariodeunchicotrabajador.com/12-cuentos-chingones/#comments Wed, 16 Sep 2015 04:40:04 +0000 http://www.diariodeunchicotrabajador.com/?p=4226 Aquí les va un regalito: una antología con los 12 cuentos más chingones que a lo largo de 10 años he compartido en este blog.

12 cuentos chingones

Bájate el libro

La primera entrada que publiqué en el Diario de un chico trabajador  (nombre inspirado en el manuscrito en el que Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios” denuncia al siglo XX por su falta de geometría y buen gusto) fue en el 2005. Osea, hace diez años.

“¡No mames, diez años!”, digo mientras escribo esta introducción, “es un chingo de tiempo”. Pues sí. Hace diez años tenía pelo, vivía con mi mamá y mi hermano y en el momento en que escribí esa primer entrada, era yo un chamaco nalgas miadas / pan de dulce trabajando en una oficina. Ahora vivo con mi chava y mi hijo de tres años y medio (al que le dedico el último cuento de este compilado). Escribo un chingo y mi barba es larga, cual Zaratustra.

Así que para festejar la primera década de mi blog, armé este libraco digital con los mejores 12 cuentos (no de mi autoría) que he compartido a lo largo de estos años.

Preparé esta edición con cuidado. Releí todos los cuentos compartidos en las página digitales de El diario de un chico trabajador (muchos ya no se me hacían tan buenos) y me quedé sólo con los mejores: ¡Los más chingones! Busqué también ilustraciones rifadas que acompañaran cada cuento.

En esta antología aparecen historias de muchos de mis escritores favoritos, otras, de algunos más oscuros; hay ciencia ficción, fantasía erótica, realismo, en fin: para todos los gustos. Lo que tienen en común, sin embargo, es que todos son unos cuentazos. Así que atasquense en este lodito literario y, si todavía no conocen el Diario de un chico trabajador, dénse de una vez, que tienen una década de escritos para ponerse al día. 

  1. Rubén- Luis Britto García
  2. El hombre que ría – J-D Salinger
  3. Sobre Causas de títeres – Efrén Hernández
  4. Harrison Bergeron – Kurt Vonnegut
  5. Mis recuerdos privados de la experiencia estigmática Hoffer -Dan Simmons
  6. Gótico americano – Ray Russell
  7. Extrañando a Kissinger – Etgar Keret
  8. El emisario – Ray Bradbury
  9. La noche del perro – Francisco Tario
  10. El contador de historias – Rabih Alameddine
  11. Todos se han ido a otro planeta – Edmundo Valadés
  12. Anamnesis de Janet Sarbanes

 

 

        Bájate el libro

Cierto es también, y quiero aclararlo, que este libro no tiene absolutamente ningún fin comercial. Su única intención es compartir las historias de mis escritores favoritos.  Todos los derechos pertenecen a los autores e ilustradores. En pocas palabras: yo no soy nadie, sólo un curador literario.

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